Sonia Escudero le pagó a su esposo casi dos millones de pesos como asesor del Senado

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Sonia Escudero, “si la conocés la elegís”, rezan los panfletos que se distribuyen en los últimos días de campaña por las calles de la ciudad de Salta en un intento por tratar de mostrar a la actual senadora nacional e intentar obtener algunos votos que le permitan ilusionarse con mantener un sueldo más del estado.

Lo de mantener un sueldo más del Estado, es así, literal. Escudero ha trabajado en su profesión poco, muy poco. Siempre estuvo vinculada al Estado de una forma u otra. Primero como asesora, luego Prosecretria, luego Secretaria en el Senado y de ahí el salto al Poder Ejecutivo como Secretaria General de la Gobernación.
Vale decir que siempre ha tenido un sueldo del Estado pero claro, si a un vecino común no le alcanza con un único sueldo, cómo no va a experimentar ella lo mismo.
Tal vez por eso es que valiéndose de su cargo de miembro de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (Eurolat) por el Parlamento Latinoamericano, logró que su marido, un ciudadano australiano enorme de ocupación desconocida y poco afecto a hablar en español, fuera designado en un cargo y de paso, ella, la impoluta representante del más rancio romerismo en Salta, tener dos ingresos en casa.
Es así. Escudero, la que se rasga las vestiduras con la ética pública, la que señala a los cuatro vientos a los otros casi despectivamente sus supuestos deslices, la misma que habla del nepotismo de afuera pero no mira el que ejerce y ejercitó el propio Juan Carlos Romero, designó a su marido, su peor es nada, su picaflor o vaya a saber cómo le dice en la intimidad, en un cargo altísimo al que seguramente ningún militante de su sector y mucho menos un salteño patapila puede aspirar.
Resulta que Escudero, aprovechando su cargo en lo que podría ser emparentado como tráfico de influencia, logró la designación de Don Kenneth Reed, todavía de nacionalidad australiana, en un cargo para el que no debe ser imprescindible hablar español fluido, tampoco tener nacionalidad argentina y mucho menos conocer siquiera historia o geografía.
Bueno, el asunto es que Don Kenneth y obviamente la impoluta Senadora, han hecho un negocio más que redondo sin que esto tenga alguna alusión peyorativa respecto de la robusta figura del ciudadano australiano, a la sazón cónyuge de la Senadora Nacional.
Obvio, porque el Don o el Mister, como se le quiera decir, gana un sueldito de 15.157,36 pesos, lo que es inalcanzable para muchos, menos para el núcleo familiar de Sonia Escudero que embolsa la dieta que le corresponde como legisladora nacional más el jugoso contrato del Mister.
O sea, Escudero, justamente Escudero, que tiene un tono de voz apacible que rompe sólo para dirigirse a sus colaboradores como suelen hacer los miembros conspicuos del círculo áulico de Juan Carlos Romero, a la sazón el senador nacional, es la gentil poseedora de dos sueldos del Estado.
Y así, el Mister, o sea Don Kenneth, se embolsó en los diez años que lleva designado en el Senado de la Nación con el sueldo antes dicho, casi dos millones de pesos. Y todo sin traspirar más que para sentarse a tomar una cerveza como gusta hacer porque hay que honrar la robustez que porta y alimentarla convenientemente.
Escudero, entonces, se lleva dos sueldos a casita. Y eso traducido en plata es mucho más de lo que cualquier mortal (de los que ella besa a diestra y siniestra ahora que está en campaña y asustada porque quedará sin sueldo estatal), puede llevar a casa.
Lo de Escudero es poco ético, claro. Y lo ha hecho todo este tiempo sin ponerse colorada, sin siquiera decirle a sus electores o mejor dicho a todos los salteños (porque al fin y al cabo ella representa a los que la votaron y a los que no) , perdón. Podría tener un rapto de sinceridad y decir que no llega a fin de mes, que debe pagar las cuotas del lavarropas o de la heladera, que no le alcanza para comprar sus trajecitos corte de sastre, o que eso de comprar cervezas es caro para cualquier presupuesto.
Pero no lo va a hacer. Fiel ladera de Juan Carlos Romero, prefiere tapar el sol con un dedo y ni siquiera inmutarse o tener un atisbo de honestidad con su pueblo.
No lo va a hacer porque sencillamente es injustificable que un Senador de la Nación que gana mucho más que cualquier mortal, que es además elegido para representar a todos y no sólo a sus intereses, caiga en la bajeza de designar a su marido para llevarse un sueldo más o para conchabarlo en algún lado.
Es inaudito que quien debe ser ejemplo de rectitud y honestidad, no lo sea. Que haya caído en la tentación de aprovechar su posición para hacerse de un dinero extra y ahorrar para la época de vacas flacas. Seguro que ese tiempo le va a llegar porque con sólo repetirse los resultados de agosto ella quedará afuera del Senado Nacional y junto a su marido, tendrá que salir a ganarse el mango como cualquier hijo de vecina, como lo hace cualquier salteño, esos de quienes se burla con este tipo de actitudes
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