Aires turbulentos

Quiénes se benefician con el boicot a Aerolíneas. Una serie de sabotajes sindicales provocó pérdidas millonarias y miles de usuarios varados. El rol de Ricardo Cirielli, el delfín de Barrionuevo que quiere controlar la compañía.

Las turbulencias comenzaron el jueves 10 de noviembre en Aerolíneas Argentinas, aunque la aerolínea de bandera atravesó el pasaje más complicado del frente de tormenta político el fin de semana anterior. Esta vez no fueron las cenizas las que paralizaron los vuelos en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza o las que generaron demoras en Aeroparque sino un conflicto gremial que terminó enfrentando al gobierno nacional con Ricardo Cirielli, el secretario general de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), identificado desde el oficialismo como el cerebro de una maniobra que buscaría desestabilizar a Mariano Recalde, referente de La Cámpora y responsable de conducir la empresa estatal. La figura del “paro encubierto e injusto para todos los argentinos” fue acuñada por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. Cirielli se defendió: “Se nos acusa de algo que no hicimos, no estamos de paro”. Pero, lejos de ceder, la disputa se fue incrementando minuto a minuto hasta llegar a niveles insospechados: sólo por mencionar una estadística, desde el inicio del conflicto se suspendieron cerca de cien vuelos y hubo pasajeros varados en los aeropuertos por más de tres días.

Para graficar las consecuencias que generan las acciones de Cirielli, el gobierno nacional convirtió en números la parálisis: según especificaron diversas autoridades, la empresa sufrió pérdidas superiores a los 20 millones de dólares. “Un país no puede estar supeditado al humor de un dirigente sindical”, se quejó Juan Pablo Schiavi, secretario de Transporte de la Nación. Pocos, muy pocos, fueron los que conocían quién es este gremialista detrás de la noticia.
Ricardo Cirielli ingresó a la actividad aeronáutica en 1981y tres años más tarde logró acceder al cargo de delegado sindical por su sector. Por entonces, simpatizaba con el Partido Intransigente y vivía en Temperley. Desde el Departamento de Electrónica y Equipos –dependiente de la Gerencia de Mantenimiento de Aerolíneas Argentinas– comenzó una carrera sindical ascendente que lo depositó en la cima de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico en 1992, cargo en el que fue reelegido hasta el día de hoy.
Según relató a Veintitrés un militante que lo acompañó a comienzos de los ’90, “Cirielli no avaló la decisión de su sindicato de apoyar las privatizaciones”. Durante aquella campaña, el dirigente obtuvo el apoyo de APA, el único sindicato que se oponía a las medidas menemistas. “Así ganó el gremio –continuó la misma fuente– y a los dos años ya era un dirigente con aceitadas relaciones con el menemato. Participaba en cuanta movida le propusiera el gobierno y empezó a manejarse con las mismas armas que la burocracia sindical. Siempre fue una persona muy difícil de clasificar. Es muy oportunista para trabajar en la coyuntura.”
A pesar de sus 19 años de liderazgo ininterrumpido, Cirielli no pudo evitar que la conducción de su gremio se partiera en dos. Por caso, el secretario adjunto de APTA, Juan Papalardo, está enfrentado al secretario general. “Cirielli pudo sostener el sindicato a fuerza de meter a la patota sindical dentro de APTA –afirmó uno de sus adversarios–. Los laburantes no pueden entrar al gremio, hay que mostrar un certificado de amistad con él, si no, no subís. Hoy, si alguien va al gremio, se encuentra con que está sitiado por la patota de Luis Barrionuevo.” La relación de Cirielli con el dirigente gastronómico se remonta a la creación de la CGT Azul y Blanca, instante en que el aeronáutico dejó la central obrera oficial para convertirse en uno de los aliados estratégicos de Barrionuevo.
Para Ariel Basteiro, actual diputado socialista y ex dirigente de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), Cirielli siempre fue “un hombre sindicalmente ecléctico”. Esa cintura política para ubicarse en los espacios que más réditos podrían darle lo llevó a pasar de la CGT de Héctor Daer a la comandada por Hugo Moyano y, de allí, pegar otro giro de 180 grados para devenir en uno de los alfiles de Barrionuevo, cuando el dirigente catamarqueño fundó la CGT Azul y Blanca. Sin embargo, Cirielli nunca perdió sus aceitados contactos sindicales y hasta el día de hoy mantiene una relación pendular con el líder de la CGT oficial, quien salió a defenderlo luego de que el gobierno nacional acudiera a la Justicia para solicitar la suspensión de la personería gremial de APTA. A través de la representación del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el oficialismo argumentó que “el gremio aplicó acciones de protesta desmedidas”. Como si se tratara de una respuesta, el sindicato aeronáutico exhibió en su página web el comunicado de la CGT que rechazaba la decisión del Gobierno –“No es una medida acertada”, se titula el documento– y que instaba “a que se utilice el diálogo social para superar los diferendos que puedan existir entre la conducción de la empresa y los trabajadores”. El texto que se difundió llevaba la firmas de Moyano, de Julio Piumato –secretario de Derechos Humanos de la CGT– y de Juan Carlos Schmid, secretario de Capacitación de la central obrera. Claro que la relación entre partes también es compleja. Basta con mencionar que el presidente de Aerolíneas Argentinas, enfrentado a Cirielli, es Mariano Recalde, hijo de Héctor Recalde, diputado nacional del Frente para la Victoria y asesor legal de la CGT.
Además de la presentación judicial, el Gobierno agregó una embestida. El 14 de noviembre pasado ordenó el traspaso de las tareas de control y coordinación del espacio aéreo de la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) al ámbito de la Fuerza Aérea. Desde ANAC explicaron a Veintitrés que la institución, creada en 2007, pasará a tener una función “fiscalizadora de la nueva dirección de tránsito aéreo. Es decir, tendrá el control de esa dirección”. 
El ex piloto y director de cine Enrique Piñeyro se mostró contrario a esta medida. Recordó que cuando Néstor Kirchner era presidente “le hablé sobre el peligro que representaba para los vuelos comerciales que militares no idóneos y corruptos estuvieran a cargo de la aviación civil”. Piñeyro recuerda que “al día siguiente del estreno de mi película Fuerza Aérea Sociedad Anónima, el Gobierno anunció que le quitaba el control de la aviación civil a la Fuerza Aérea. El proceso fue desprolijo, pero fue una de las medidas más audaces en la recuperación democrática, junto con los juicios a los represores. Fue un acto real y profundo de recuperación democrática. Hoy el sueño terminó y empieza una pesadilla de consecuencias imprevisibles”.
La medida generó disgustos en más de un sector afín al kirchnerismo por considerarla una forma de desandar lo que se logró en 2009, cuando se les quitó a los militares el control del tránsito aéreo. Desde el Gobierno, en cambio, justificaron la medida citando como ejemplo los casos de España y Brasil, que mantienen formas de organización similares en la materia.
“Cuando Cirielli corta una relación, va a fondo. Y no hay que perder de vista que tiene un gremio que se lo permite, que está más aceitado que el resto para dar pelea”, apuntó uno de sus adversarios sindicales. Dentro de Aerolíneas Argentinas, APTA es un sindicato que reúne a los trabajadores de los hangares: mecánicos y técnicos. En lo que respecta a los posicionamientos sindicales, “APTA está sola –definieron desde uno de los espacios gremiales de AA–. La única relación fluida la tiene con la Unión de Aviadores de Líneas Aéreas (UALA), específicamente con los pilotos de Austral. En esa línea aérea le responden al ciento por ciento. Por el contrario, en Aerolíneas Argentinas tiene mucha oposición”. En cambio, los sindicatos de Aeronavegantes, la Asociación del Personal Aeronáutico (APA) y la Unión del Personal Superior y Profesional de Empresas Aerocomerciales (UPSA), que nuclea al personal jerárquico, conforman una tríada que busca coordinar medidas para enfrentar cualquier avance de APTA y de los pilotos.
Acaso Cirielli supuso que en el terreno político tenía el mismo margen de maniobra que en la arena sindical. Así, tras desempeñarse entre 2003 y 2007 como subsecretario de Trasporte Aerocomercial de la Nación, dejó el cargo para, dos años más tarde, pasarse a las filas denarvaístas. Cuando pegó el portazo, denunció un supuesto pedido de coima de un colaborador cercano a su superior, Ricardo Jaime, para que supuestamente firmara un expediente que habilitara una compañía. Desde entonces, sus vínculos con el kirchnerismo se resquebrajaron. Signo de aquella ruptura, en 2009 el titular de APTA colaboró en la campaña electoral del empresario y diputado Francisco de Narváez. “Y ahora lo hace con el duhaldismo y la esposa de Barrionuevo, Graciela Camaño”, apuntaron quienes lo conocen.
Quizás por eso, al ser consultado respecto de la posible suspensión de la personería gremial de su sindicato, Cirielli desafió: “Esperemos que la Justicia actúe con la misma lentitud con que avanza con las causas de Ricardo Jaime”. Asesorado por un grupo de abogados relacionados con Barrionuevo, el secretario general de APTA presentó un recurso para frenar la medida que impulsó el Gobierno. Y será la Justicia la que tenga la última palabra.
El diputado Basteiro afirmó que “el conflicto está vinculado a una cuestión político empresaria. Desde mi punto de vista, lo que hay detrás de todo esto es que APTA está intentando participar o influir en el nombramiento de gerentes dentro del ámbito empresario. De esa manera, la disputa termina siendo por el manejo de la empresa. En el ámbito aeronáutico siempre se dijo que Cirielli es una persona muy cercana a (Eduardo) Eurnekian (N. del R.: dueño de Aeropuertos Argentina 2000, que controla las principales terminales aéreas del país)”. A las declaraciones de Basteiro se sumaron las de Alicia Castro, actual embajadora argentina en Venezuela y ex secretaria general del sindicato de Aeronavegantes. “Parece que Cirielli trabaja para que alguien fuera dueño de Aerolíneas Argentinas”, deslizó.
Aprovechando el conflicto de Cirielli, no fueron pocos los sectores que cuestionaron la gestión de La Cámpora al frente de Aerolíneas. Según denunciaron, la aerolínea de bandera proyecta un déficit para 2011 de 700 millones de dólares, cuando el año pasado el rojo fue de 486 millones. Además, apuntaron que el grupo facturará 1.200 millones de dólares, a los que se sumarían otros 700 millones de subsidio estatal. Se trata de una empresa estatal que suma 11 mil empleados, de los cuales 1.600 son pilotos.
Por el momento, el frente de tormenta no se disipó. Apenas si aminoró su potencia. El devenir de los próximos días revelará la magnitud de sus consecuencias.
 
Fuente: veintitres.infonews.com
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