Industrializar el campo, el modelo de Cristina

Desafío. La industrialización de la ruralidad es una oportunidad para que convoquemos a nuestro pueblo a una epopeya común, que comienza por consolidarnos como comunidad organizada.

 

Por Mariano Pinedo Secretario – Grupo Pampa Sur.
 Cuando en mayo de 1974, el general Juan Domingo Perón, conductor del movimiento nacional, presentó al pueblo argentino su legado político –Modelo Argentino para el Proyecto Nacional–, sometió el mismo al análisis y tratamiento por parte del pueblo: “Su discusión esclarecedora por parte de todos los grupos representativos de nuestra comunidad –decía Perón– posibilitará establecer el camino más acertado para alcanzar los propios objetivos nacionales. Ello contribuirá, a su vez, a profundizar este Modelo para que de él surja lo que deberá ser nuestro Proyecto Nacional.”
Para Perón y para el peronismo como expresión del movimiento nacional, no es posible conducir los destinos de la Patria sin el concurso organizado del pueblo. No bastó entonces con la presentación del Modelo, sino que entendió el General, como conductor y como estadista, que era preciso dar participación en él a los ciudadanos, a los grupos sociales y a los partidos políticos; no sólo para recibir propuestas, sino también para “preservar permanentemente” el mismo y “ajustarlo a la realidad de un mundo en constante evolución”. Es decir, buscar institucionalizar un proceso, en beneficio de todos, a partir de la participación activa del pueblo organizado. De ese modo, además de tener herramientas para adecuar su idea a las circunstancias de lugar y de tiempo, se imprime mayor profundidad al modelo, a partir de una mejor enunciación y garantizando su duración en el tiempo. Profundizar el modelo fue entonces –y es ahora–, comprometer al pueblo en su elaboración, perfeccionar las herramientas en la ejecución y, por sobre todo, fortalecer las organizaciones que permitirían brindarle proyección en el tiempo.
Hoy, la conducción del movimiento nacional que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, sugiere con toda claridad un modelo argentino adecuado a estos tiempos. El hecho de haber revalorado a la política como ámbito natural de la toma de decisiones, colocando al interés nacional y a una mirada nacional en el centro de las mismas, genera un natural apoyo de la población, que se traduce en un protagonismo popular a partir de sus diversas formas de organización. Esa conciencia popular de ser parte de la historia, defendiendo los logros y sosteniendo los mismos en el tiempo a partir de la organización de la comunidad, es lo que Cristina Kirchner llama empoderar a la sociedad para profundizar el modelo.
Unos de los ejes más claros que ofrece el Modelo 2020 enunciado por Cristina Kirchner, especificado en el Plan Estratégico Agroalimentario y en el Plan Estratégico Industrial, es el concepto de “industrializar la ruralidad”. Allí Cristina Kirchner coloca la esperanza colectiva de concretar uno de los objetivos más importantes de nuestro proyecto como Nación, que es el de repoblar la Argentina e ir resolviendo así la grave situación social de los centros urbanos súper desarrollados. En varias oportunidades, la presidenta nos convocó, sobre este eje, a “trabajar en todos y cada uno de los pueblos rurales de nuestro país, para que los chicos capacitados en el lugar o en otro lugar, vuelvan y se queden en ese lugar y tengan salida laboral, posibilidad de crecimiento”. 
La definición del proyecto nacional enunciado por Cristina Kirchner, sin dudas tiene que ver con las particulares características de nuestra geografía y nuestro clima, con la capacidad tecnológica y cultural de nuestro pueblo para el trabajo y la producción y, seguramente también, con la situación especial que vive el mundo, frente a lo cual Argentina tiene la responsabilidad de cubrir una demanda mundial de alimentos que nos coloca frente a una enorme oportunidad.
También es preciso reconocer una voluntad política específica, con visión de futuro, que advierte la oportunidad pero enfoca un rumbo poniendo siempre la economía al servicio del hombre. El proyecto pone su mirada en el hombre y la mujer argentinos, en la familia como sujeto de la historia patria. Es así que, garantizando el crecimiento, se empieza a plantear la necesidad de desarrollos locales, a partir del reconocimiento de un verdadero federalismo (no sólo el de los libros, sino el que está incorporado y arraigado en el modo de ser político de nuestro pueblo). Se somete a discusión popular un modelo de inclusión que comprende aquello de que nadie puede realizarse individualmente si no es en una comunidad que se realiza.
Hay un llamamiento a todos, para que construyamos organización en cada una de nuestras comunidades. Para que logremos, con el protagonismo del pueblo y preferentemente con la presencia de un Estado fuerte, fortalecer las ciudades y pueblos de todo nuestro territorio, generando oportunidades para una vida más plena a partir del trabajo, la cultura nacional, la salud y la educación de nuestros hijos.
La industrialización de la ruralidad, que desde el punto de vista económico está planteada como la necesidad de  agregar valor –es decir trabajo y tecnología– en el lugar de origen en donde producimos las materias primas, es una oportunidad para que convoquemos a nuestro pueblo a una epopeya común, que comienza por consolidarnos como comunidad organizada y disponer nuestro cuerpo y nuestro espíritu para participar en la realización de la historia

 

Fuente: tiempo.infonews.com

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